La batería es una de las piezas más importantes del coche ya que almacena la energía eléctrica necesaria para poner en marcha el motor. Existen diferentes tipos de baterías, aunque su principio de funcionamiento es el mismo, basado en diferentes placas positivas y negativas unidas a través de un puente. La corriente eléctrica se genera a partir de una reacción química entre esas placas y una solución de agua destilada y ácido sulfúrico. Al contrario, cuando se administra electricidad a la batería, el sulfato se mueve de las placas al electrolito.
Los tipos de baterías más usadas en los coches

1. Batería de celdas húmedas.

Se trata de las baterías más difundidas ya que son las más económicas del mercado. Otro aspecto a su favor es que no demandan prácticamente mantenimiento. Su diseño se basa en una serie de placas de polaridad positiva y negativa recubiertas de plomo que se encuentran suspendidas en un líquido, generalmente ácido sulfúrico. Además, existe una placa negativa adicional que se encuentra sellada en un compartimento independiente y cuya función es evitar la combadura de las placas positivas. El número de placas determinará la intensidad de la corriente.

2. Batería de calcio.

Estas baterías también son muy comunes y su funcionamiento es similar al de la batería de celdas húmedas, pero las placas están fabricadas con una aleación de calcio. Con esta innovación se logra que la batería pierda menos fluido, aproximadamente un 80% menos, además de ser más resistentes a la corrosión. Como resultado, tienen una vida útil más larga, se descargan más lentamente y conservan mejor la potencia de arranque a lo largo del tiempo. No obstante, el principal punto en contra es que es necesario mantenerse atentos ya que si se sobrecargan pueden dañarse.

3. Batería VRLA.

A diferencia de las baterías de celdas húmedas, en este tipo de batería el ácido se retiene en un separador para que se produzca un ciclo electroquímico cerrado que no genera emisión de gas al exterior. Las baterías de gel, por ejemplo, usan silicona para lograr que el ácido tenga una consistencia más densa, y son muy buenas pero no son la opción ideal para una batería de arranque. Al contrario, las baterías AGM usan un separador de fibra de vidrio que se encarga de mantener el electrolito en su lugar. Como resultado, tienen una resistencia interna muy baja y son perfectas para el arranque del motor ya que brindan mucha potencia.

4. Batería de iones de litio.

Estas baterías utilizan como electrolito una sal de litio, y suelen ofrecer una gran autonomía, por lo que se suelen encontrar en los coches de alta gama o en los vehículos eléctricos. Una de las principales ventajas de este tipo de baterías es que son más ligeras, aunque también son más caras. Otro de sus problemas es que es necesario colocar un circuito de protección para las sobrecargas, de manera que se mantenga bajo control la temperatura. Además, tienen un rendimiento inferior en frío.

5. Batería de ciclo profundo.

Estas baterías se suelen encontrar en los coches eléctricos ya que, como poseen unas placas más gruesas, tienen una mayor capacidad de carga. Su principal diferencia respecto a otros tipos de baterías es que se pueden descargar en un 90%, mientras que las baterías de ciclo corto aportan mucha corriente de arranque pero en poco tiempo, por lo que esta representa apenas el 5% de su carga. No obstante, el principal problema de estas baterías es que también poseen un alto ratio de descarga, por lo que si no se utiliza el coche durante una temporada, se descargarán casi completamente. Otro inconveniente es su precio, ya que son unas de las más caras del mercado.

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